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- “Pierre Menard, autor del Quijote” [Ficciones, 1944], Jorge Luis Borges (1899-1984).
El relato se ha convertido en mención obligada para las obras que tratan de la Posmodernidad y de los límites de la intertextualidad. En él se da cuenta de los esfuerzos incompletos por parte de Pierre Menard, de reescribir fielmente las Aventuras del Ingenioso Hidalgo; esta fidelidad se cifra en el carácter literal de la reescritura menardiana: una reproducción letra a letra. Borges apunta irónicamente que la obra de Menard no es una burda copia del original, puesto que Menard se propone escribir de nuevo el Quijote, no plagiarlo; para ello debe alcanzar el mismo resultado que Cervantes, sin contar con las ventajas de su predecesor (la lengua de la época, las experiencias cervantinas…); por lo que se puede sostener que el quimérico Quijote menardiano, habría superado a su modelo.El tema del plagio, de la reescritura y de la falsificación, está presente de manera marcada en la obra borgeana. Así, en las Crónicas de Bustos Domecq (escritas con Bioy Casares) el plagio anticipatorio, sin que quepa distinción con la intertextualidad intencional, tiene su aplicación ficcional en el César Paladión, variante de Pierre Menard, que elige sus modelos y los asimila completamente. Borges enumera los títulos de las obras paladianas: Emilio, El sabueso de los Baskerville, De los Apeninos a los Andes, La cabaña del tío Tom, etcétera. Borges asegura que si Paladión no se atrevió a apropiarse de la obra de Lugones y sí de la de Herrera y Reissig es porque “no se juzgaba digno de asimilarlos”.
Esta fábula paradójica, como otras de Borges, ha servido de paradigma poético de la Posmodernidad. Junto a otras narraciones borgeanas como Funes el Memorioso, la Biblioteca de Babel o Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, la fábula de Pierre Menard es el envés perfecto de las pesadillas uqbarianas y pan-textuales: si todo está ya escrito -o prescrito-, mejor sería quizás abandonarnos a la tradición y apropiarnos de ella. Una propuesta que juega con un sistema de variantes con los peritextos y paratextos; umbrales -espacios ambiguos entre y alrededor de los textos y su recepción; dentro y fuera de la obra a un tiempo- pero que indudablemente determinan la forma que tenemos de relacionarnos con ella.Se ha sostenido que Pierre Menard existió realmente y que se trataría de un autor francés menor modernista, relegado definitivamente al olvido por la sombra de su omnipresente homónimo. Esta variante apócrifa ha sido explotada por el insigne hispanista francés Michel Lafon en Una vida de Pierre Menard publicada recientemente -Une vie de Pierre Ménard (Paris: Gallimard, 2008).- Off-side [1968]. Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999).

Un pintor que utiliza a otro de “negro” para lograr la obra maestra que le consiga la gloria postuma, haciendo pasar un cuadro suyo como el eslabón perdido que explicaría, en la obra de Goya, la diferencia entre el pintor de la corte y el creador de los Disparates y el Coloso. Novela que reflexiona, en un ambiente sombrío y corrupto, sobre las supercherías y el fetichismo en el arte, el papel de la crítica y del mercado, la posición marginal del artista y la genialidad.
- Obabakoak [1989], Bernardo Atxaga [José Irazu Garmendia] (1951).

Obabakoak se compone de 26 relatos independientes insertados en un marco narrativo común. El libro esta dividido en tres partes (“Infancias”, “Nueve palabras en honor de Villamediana” y “En busca de la última palabra”), en la segunda el hilo conductor es dado por el viaje de dos amigos a Obaba que van a visitar al tío de uno de ellos, en la sobremesa, se hilvanan reflexiones literarias con las correspodientes narraciones que las ilustran. El tio sostiene que toda la literatura moderna es plagio y cuenta varias apólogos a propósito. Como toda literatura es plagio, cada escritor esta obligado a repetir lo que ya se dijo. No obstante, para que el plagio sea exitoso, se deben observar varias reglas fundamentales:
2) Pasarlo a otro tiempo y otro lugar.
3) Cambiar los nombres propios y la persona del relato.
4) Enmascarar la narración de tal manera que los perezosos periodistas, dedicados a una árida y obsoleta actividad, no lo reconozcan.
Esta defensa de la intertextualidad absoluta, sobre la inectulabilidad del plagio, concluye que todos los cuentos son variaciones de un único cuento, y pone como ejemplo un relato persa sufí, el cual B. Atxaga parece haber sacado de Borges, quien a su vez confiesa haberla sacado de Jean Cocteau. Al parecer, en 1995 se produjo un pequeño escándalo en Holanda, cuando se hizo público que un poema de Pieter van Eyck, verdadero emblema nacional, no era más que una traducción de la versión de J. L. Borges.
- Por favor, ¡plágienme! (plagiando sistemática y progresivamente) [1991]. Alberto Laiseca (1941).
En las primeras sesenta páginas, Alberto Laiseca expone un manifiesto poético del plagio; el resto del libro está compuesto por cinco “apéndices” que cuentan una historia y constituyen la aplicación práctica de los presupuestos teóricos expuestos previamente. El propio autor presenta de este modo la obra:
- Soy un escritor frustrado [1996]. José Ángel Mañas (1971).
Un profesor de universidad y reconocido crítico literario (con derecho a columna en el suplemento literario semanal), es además un escritor frustrado que no duda en recurrir a la suplantación y el robo literarios para lograr el éxito. En esta novela de suspense y sátira, J. A. Mañas explora los dos sentidos del término “plagio” en español: el secuestro de personas y de textos.
- Copyright [2001]. Jorge Maronna (1948) y Luis María Pescetti (1958).

Los autores, uno de los cuales es integrante del trío Les Luthiers, escribieron esta obra a “cuatro manos”, extremadamente satírica y paródica, con las colaboraciones involuntarias de F. Kafka, M. de Cervantes Saavedra, G. García Márquez, J. Cortázar, el Marqués de Sade, G. Flaubert, R. L. Stevenson, H. Melville, A. C. Doyle, A. Dumas sr., M. Proust, entre otros autores. La novela narra las peripecias y tribulaciones de Lucas Modím de Bastos -”un tal Lucas”- para escribir una novela en el plazo de una semana, con el único objetivo de conquistar a la bella y caprichosa Michelle, aquejada de una incurable ninfomanía por los literatos. Dada su incapacidad para escribir, Lucas recurre al plagio de “corte y pega” con un éxito insospechado que le llevará a ganar prestigiosos certámenes e incluso el Premio Nóbel. Para muestra de su técnica, he aquí su primer párrafo-collage:
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- Los negros del traductor (Les nègres du traducteur) [2004], Claude Bleton (1942).

El hispanista y traductor, Claude Bleton, logra darle la vuelta al adagio itálico de “traduttore: tradittore”, con esta su primera novela, en la que, con una ironía cruel, cuenta la vida de un traductor con una vocación frustrada por la escritura, que tras adquirir una posición dentro del Hispanismo francés, empieza reescribiendo las obras que traduce para acomodarlas al gusto francés, y termina por escribir las traducciones sin tener el original, por lo que se ve obligado a buscar al escritor hispánico que le quiera escribir las obras que supuestamente traduce.
- Caja negra [2005], Pablo Sánchez (1970).
El protagonista de Caja Negra, Raúl Garay, es acusado por un escritor que no conoce de plagiar una novela que no ha leído. Su reacción es por lo tanto la esperable: niega en rotundo las acusaciones y, ante la insistencia de los medios y de su entorno, acaba accediendo a leer el libro de su acusador, comprobando desconcertado que las acusaciones sí tienen fundamento; las semejanzas entre su libro y el ajeno son inquietantes. Conforme parece perder apoyos entre los suyos (su editor ya no le cree y ordena retirar el libro de la venta), Raúl Garay empieza a dudar de sí mismo y recuerda la etapa en la que leía manuscritos para una editorial en una habitación babélica donde había cientos de manuscritos que nadie leía y que nunca eran devueltos, por lo que en ocasiones volvían a ser revisados, incluso por el mismo lector, que no se percataba de su error hasta que era demasiado tarde. En un momento dado, el mismo Garay comienza a dudar de su memoria.
Pablo Sánchez narra en primera persona y desde la posición del acusado un caso de plagio, invocando y ejemplificando a través de ese caso ficticio las aporías de la Teoría y de la Crítica una a una. En su conclusión no se vislumbra la posibilidad efectiva de dirimir cómo debe ser entendido el relato del protagonista, a qué veredicto debería llegar el lector. En Caja negra podemos encontrar la totalidad de los tópicos más relevantes sobre plagio y teoría literaria, incluidas las teorías contemporáneas. Se trata, a fin de cuentas, de una evolución natural, habida cuenta de la permeabilidad de las fronteras genéricas que casi han convertido a la Crítica en un género ficcional más, o viceversa
- La conferencia. El plagio sostenible [2006]. Pepe Monteserín (1952)

José Buelves, peón técnico de profesión, lector incombustible, autodidacta empedernido, recibe el encargo de pronunciar una conferencia en el ateneo local sobre el sueño y el despertar en las primeras líneas de los textos literarios (de novelas, el género lírico descartado). En la novela, asistimos a la conferencia y, a través de flash-backs, a la docena de días que la precedieron y en las que el protagonista la preparó.
Durante su larga disertación, el conferenciante hace un repaso de la historia de la literatura como un “gran plagio universal” , tesis que hilvana con citas de los comienzos de novelas de su extensa y ecléctica biblioteca personal. El libro, pues, expone una praxis activa de la apropiación de textos ajenos, mediante la interpolación de fragmentos y modulaciones de “frases célebres”, sin llegar no obstante a una apología absoluta del plagio, dado que la sátira suaviza la ejemplaridad del texto, y el “plagio” cometido en la ficción por Buelves no es tal en la novela de Monteserín, que es marcadamente “original” y “creativa”, y en absoluto parasitaria de los textos de los que pretende depender.
La mezcla de ficción y realidad, de novela y ensayo (la obra ganó un concurso bajo la segunda rúbrica), sirve para confeccionar una suerte de Florilegio de comienzos de novela y un catálogo desordenado de “Plagiarios ilustres“.
- Río Fugitivo [1998, 2008], Edmundo Paz Soldán (1967).

En Río Fugitivo, Edmundo Paz Soldán ha explorado las posibilidades del plagio como etapa juvenil de aprendizaje literario. El tema del plagio (como en otras obras de Paz Soldán) forma parte de la trama y del fondo de la novela, que parece estar escrita, en cierto modo, para luchar contra el imperio demasiado poderoso de las generaciones anteriores, la del Boom (en un momento dado el narrador se pregunta “cuántas novelas no habrán dejado de escribirse por culpa de Gabriel García Márquez”).
Los límites de la intertextualidad son, por consiguiente, algunos de los resortes de la historia, donde el protagonista y narrador, Roberto (reencarnación boliviana del Alberto de La ciudad y los perros), busca su paternidad literaria en Mario Vargas Llosa y en el plagio. Mientras, reescribe novelas de Agatha Christie, que circulan entre sus compañeros de clase (cada vez más exigentes), y edita la revista del colegio:
Serás nuestro Vargas Llosa, me decía, y yo encantado, Vargas Llosa era mi modelo, quería -quiero- escribir de Bolivia como él escribe de Perú y de paso que todo el mundo me lea (…) Pero, ¿qué sucede si uno quiere escribir pero no tiene ideas propias todavía, o carece de la experiencia necesaria para transformar su vida en literatura? Pues, hay que plagiar. Plagiando las historias de otros se llegará a algún lado, al menos eso es lo que uno espera (…) Por supuesto, de esto no se tiene que enterar nadie. El plagio no es bien visto en estos tiempos en que la originalidad es aplaudida y sobrevalorada. ¿Cómo convencer a la gente que hasta para plagiar uno necesita ser original, no es cuestión de robar y listo? (PAZ SOLDÁN, 2008, págs. 26-27).

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